Historia de la minería

LA MINERÍA DEL HIERRO EN EL MARQUESADO DEL ZENETE: UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA.

De los orígenes a la Edad Moderna.

Es muy poco lo que sabemos sobre época prehistórica, aunque la presencia humana hubo de ser significativa en la comarca y muy ligada al aprovechamiento de recursos minerales. En el periodo ibérico debió intensificarse la explotación del cobre y el hierro mediante la construcción de varios centros fortificados como Cerro Zorrero, Cardal, las minas de Lanteira o el Peñón de Alrután. La actividad minera continuó sin duda bajo el dominio romano, como se desprende claramente de la toponimia, ya que Ferreira y Lanteira son dos denominaciones de origen latino con una clara alusión a la actividad minera del hierro y la plata respectivamente. Durante la Alta Edad Media se produciría una reactivación de la minería con el surgimiento en los siglos V-VI de nuevos talleres de tamaño relativamente grande junto a las zonas de explotación aunque siempre concentrados en las cimas de altas colinas.

La conquista musulmana marcaría un punto de inflexión en la organización de la producción minera con la proliferación de pequeños centros de extracción y beneficio del mineral de hierro. Muchos de estos centros serán posteriormente abandonados al finalizar el Emirato aunque algunos mantienen su actividad hasta el siglo XI y principios del XII, como parece ser el caso de Alquife.

La reestructuración del poblamiento en la comarca, con la creación de alquerías y el aumento de la actividad agrícola originaron probablemente una nueva forma de organización de la actividad extractiva y metalúrgica. Seguramente el abandono de asentamientos conllevará una concentración de la producción que se realizará no sólo en Alquife, sino también en algunos otros lugares como Lanteira, para la extracción de plata o en Jeres, donde se sigue explotando el cobre en el siglo XIV.

Lo que parece seguro es que Alquife se configura desde ese momento, y sobre todo en época nazarí, como el principal centro extractor de hierro del Zenete. Las huellas de la actividad extractiva son evidentes a pesar de las modificaciones que ha sufrido el paisaje desde finales del siglo XIX. No ocurre lo mismo con los vestigios de transformación del mineral, pues si bien es posible encontrar algunas escorias en las laderas del cerro y embutidas en la obra del castillo, como parte del mortero o incluso decorando el rejuntado de los mampuestos , el hecho de que sean tan escasas en relación al volumen de mineral extraído tan sólo puede deberse a dos razones: por un lado al posible traslado de parte del mineral a la vecina ciudad de Guadix, de la que Ibn al-Jatib dice que “posee minas de hierro” y que sus principales industrias “son las del hierro y la de la seda” . Por otro lado, es probable la aprovechamiento de las antiguas escombreras por parte de las compañías concesionarias en época contemporánea.

En cualquier caso, no existen menciones escritas en las fuentes medievales sobre la actividad minera de Alquife, tal vez porque ocupaba un lugar secundario respecto a la caracterización agrícola de la alquería. De este modo, una región montañosa y con grandes recursos minerales opta por la agricultura intensiva de regadío, desarrollando amplias vegas en las que tendrán un papel fundamental los cultivos dedicados a la exportación: la seda y los frutos secos. Esto no quiere decir ni mucho menos que las otras actividades, la minería y la ganadería, no se encuentren presentes y no gocen de importancia. De hecho, es normal que la producción de las comunidades andalusíes no esté dirigida a la explotación de un único recurso.

Las minas podrían ser propiedad de los reyes nazaríes. Así se desprende de las fatwas –dictámenes jurídicos– recopiladas por al-WanSarisi a finales del siglo XV. Afirma que las minas se otorgan como concesión y que no pueden ser constituidas como habiz ya que no forman parte de la herencia del beneficiario, sino que a su muerte son concedidas a otra persona. En este caso la concesión llevaría aparejado un arriendo por el usufructo de la explotación. Sin embargo, también se da el caso de que un particular pueda ser propietario de una mina o, en los casos que recoge al-WanSarisi, de una parte de ella junto con otros muchos socios . En Alquife, por la relación entre las explotaciones y el castillo, no sólo de proximidad, sino también por la presencia de mineral y escorias en su obra –especialmente como decoración–, parece que las minas deberían pertenecer a los monarcas. No es de extrañar también si tenemos en cuentra el nivel de centralización alcanzado por los nazaríes y la gran cantidad de propiedades que estos parecen tener en el Zenete . El hecho de que las minas se encuentren tan cercanas al castillo debe responder a la necesidad de un control directo de la producción, aunque no fuera este el único factor a la hora del establecimiento de la alquería y el castillo. Este control lo ejercería el alcaide como representante del estado. Ahora bien, no podemos saber si la explotación se realizaba a través de un arriendo o no, ni la forma de organizar el trabajo o la capacidad productiva, tanto extractiva como metalúrgica, hasta la realización de un estudio mucho más detallado que incluya la excavación sistemática del yacimiento. De todas formas el trabajo de los campesinos debía ser estacional o esporádico, como complemento de la actividad agrícola y no de forma especializada. Es posible que hubiera alguna persona con dedicación exclusiva, pero la opción por el sistema de agricultura intensiva y el mantenimiento del mismo hace incompatible su existencia con una especialización minera.

Tras la conquista cristiana en 1489, Guadix sigue siendo un importante centro siderúrgico gracias, en buena medida, al mineral llegado de Alquife. Sin embargo, van a aparecer dos centros de transformación más en pueblos cercanos: uno en Jérez y otro en Lugros, provistos de fuelles y martillos hidráulicos. Esto habría supuesto según M. Bertrand una intensificación de la explotación y una transformación del territorio por la cantidad de madera requerida en los trabajos de fundición.

Es ahora, con la conquista castellana, cuando debió de comenzar el proceso de transformación del cerro hasta llegar al paisaje que podemos contemplar hoy. En torno a las ruinas del castillo que coronan la elevación de mármoles y mineral de hierro, encontramos numerosas cavidades y cortes en la roca, algunos de un tamaño verdaderamente considerable.

En época moderna la explotación se organizaba mediante el trabajo asalariado pero obligatorio de los vecinos de Alquife y Jérez que extraían y transportaban el mineral y fabricaban carbón. Conservamos un extracto de la merced hecha a los marqueses de los “mineros descubiertos o que se descubriesen de oro, plata, estaño, cobre, hierro, alumbres e otros”. De 1518 es el primer contrato de arrendamiento de las herrerías, propiedad del marqués, del que sólo se conserva un extracto. En 1521 el arriendo se hace a Juan Tirador. En él se estipula que “el hierro se habría de labrar a la manera de Vizcaya”. En 1552 hay otro contrato por cuatro años. En 1685 las herrerías, propiedad de la Duquesa del Infantado, estaban arrendadas a Francisco Jil. También debían funcionar las de la cercana localidad de Lugros en las que se fundían 40 quintales de mineral en 1568 y de la que hay una Carta de Poder fechada en 1580. No existen referencias sin embargo a los sistemas de extrac-ción del mineral alquifeño o a otros criaderos de hierro como los de Huéneja, Ferreira, Jérez o el propio Lugros. Tampoco sabemos si seguían funcionando en esta época las fundiciones de la ciudad de Guadix, de las que existe un privilegio de 1511 concedido por la reina Juana a Juan de Ordas, corregidor de Guadix, para que extrajera todo el hierro que necesitara para su herrería en Guadix, así de Alquife como de cualquier otro lugar del obispado, de rea-lengo o de señorío.

De todas formas, la competencia del hierro vasco hará inviable la explotación a gran escala y la guerra y posterior expulsión de los moriscos en 1568 dejó el Zenete prácticamente despoblado y con su economía gravemente perjudicada. Este será un hecho que pesará sobre el desarrollo posterior de la comarca a lo largo de los siglos XVII y XVIII. En el libro de Apeo de 1571 puede leerse: “El lugar de Alquife está asentado en la falda de un cerro donde está un castillo caído (…). Habitado por 140 moriscos con 140 casas todas quebradas, caídas, sin techumbre, e inhabitables y en día sin ningún vecino (…) Tiene Alquife una mina de donde se saca hierro para las herrerías, la una de Jérez y, la otra, de Lugros”. En el Apeo de La Calahorra se dice que la marquesa tenía en la villa de Jérez unas herrerías que le rentaban entre 800 y 1000 ducados anuales y para hacer el hierro tenía los montes y sus arbolados de los cuales los vecinos de Jérez y su barrio de Alcázar estaban obligados a trabajar en las herrerías y a ayudar a hacer el hierro por un moderado precio cuando trabajan; así mismo, estaban obligados a ayudar a hacer carbón para las herrerías al precio de 60 maravedíes por cada carga y la mena que es la materia de hierro se llevaba de la villa de Alquife, cuyos vecinos eran obligados a extraer y transportar el mineral a razón de 30 maravedíes por cada carga puesta en las dichas herrerías.

El hecho de que no haya sistemas de explotación complejos antes de 1900 prueba que la minería debió mantenerse a un nivel muy primario. También es cierto que el tipo de mineralización y la topografía permiten, a través de técnicas simples, la explotación de grandes masas de mineral poco profundas o incluso superficiales sin problemas de desagüe ni casi de entibación. Es casi seguro incluso que ni siquiera se utilizara la pólvora y los barrenos para la extracción –empleados en Europa al menos desde el siglo XVII– hasta la llegada de las compañías extranjeras.

En 1550, el secano que no era propiedad privada era objeto de fiscalización por los marqueses solo indirectamente a través de un impuesto que grava la posesión de un animal de labranza llamado “renta del campo”. Esta se unía a la gabela, impuesta desde 1515 y repartida localmente sobre el volumen de tierras roturadas que los campesinos aprovechaban. De ello parece deducirse que el aprovechamiento no era fácilmente controlable por lo que el impuesto se establecía por municipios y que no en todos los pueblos tiene la misma importancia, incluso en Alquife no se recoge porque apenas si se explota el campo. El hecho de que no se trabajen apenas las tierras fuera del regadío indica que ese tiempo y fuerza de trabajo son aprovechados en la explotación minera, sin duda más rentable que los secanos. Sin embargo, desconocemos como se organizaba el trabajo que, como en época moderna, debía ser asalariado, pero difícilmente obligatorio.

La explotación alquifeña parece estar abandonada prácticamente en su totalidad a finales del siglo XIX, la actividad no es rentable sin una fuerte inversión de capital que, o bien transforme el mineral en la comarca o sea capaz de llevarlo al puerto de Almería a precios competitivos. Pascual Madoz, en 1845, dice en su “Diccionario” que la colina “se halla llena de minas de hierro, de cuyo arte se estrae muchisimo”, pero en ningún momento ofrece dato alguno . También afirma que en el vecino pueblo de Jérez hay una fábrica de cobre y 2 de hierro, que entre ambas producen por mitad 1.500 arrobas, la una que en el día corresponde a la casa de Osuna y que allí mismo se explotan nuevas minas “ferruginosas con liga de plata” . El mineral se traía en gran medida o casi exclusivamente de Alquife, pero ninguna de estas herrerías parece tener excesiva entidad.

El inicio de la minería a gran escala a finales del siglo XIX

El verdadero auge de la minería del hierro del Zenete se produce entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.

El 5 de abril de 1884 se otorga la primera concesión minera sobre el cerro de Alquife, denominada “La Oportunidad” a Pedro de Castro y Borlaz, siendo adquirida en 1888 por Manuel de la Puente Apecechea quien, poco después, la transmite a Hubert Meersmans de Smeltz, un empresario de nacionalidad belga que desempeñará un papel de primer orden en la proyección de la minería granadina contemporánea. En 1889 un grupo inversor integrado por diversas entidades francesas y el Banco de Madrid obtenía la concesión para construir y explotar la línea ferroviaria de Linares a Almería, dando paso a la constitución de la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España. La llegada del ferrocarril supondrá, a la postre, abrir las puertas a la gran minería capitalista en el Marquesado. En junio de 1895 se constituye la Sociedad de las minas de hierro del Marquesado, con Meersmans, Manuel de la Puente, José Linares y Louis Bardon y Gosset como socios fundadores. En los estatutos de la nueva sociedad se afirma que las minas estaban en explotación en ese momento pero sin duda su actividad debía ser muy modesta. El capital con que contaban (500.000 ptas) era insuficiente y, de hecho, dos años después se arrendó la explotación a la Compagnie des Mines d´Alquife, filial de Portman, que se encargaría de construir el ramal ferroviario hasta la línea Linares-Almería y que entró en servicio en 1899, poco después de inaugurada la línea principal. Entre las cláusulas fijadas en el contrato figura la extracción mínima a la que debían ceñirse los pagos a la compañía propietaria se fijaba en 100.00 toneladas anuales incluso aunque “durante uno o varios años” no se alcanzase ese umbral, excepto cuando “a juicio de peritos” tal producción no fuera factible “al nivel reconocido por los antiguos trabajos ó sea á cincuenta metros por bajo de la llanura”. También se establece “el libre goce de los terrenos necesarios para la explotación á cielo descubierto de las minas, en toda la extensión de la colina de Alquife, situada por cima del nivel de la llanura, salvo en la partes edificadas”. No obstante, el decreto de expropiación no llegará hasta mediados de 1899. A pesar de esto, en octubre del mismo año se rescindió el contrato de arrendamiento mediante un acuerdo en el que se incluía la obligación de la compañía propietaria de com-prar “todo el mineral extraído de la mina antes del 15 de enero de 1900” y que, en cualquier caso, no debía exceder de 40.000 toneladas. El mismo día se firmó un nuevo contrato, esta vez de venta, con una sociedad de reciente creación con sede en Manchester que daría comienzo al verdadero despegue de la explotación: The Alquife Mines & Railway Co. Ltd, constituida por la Millon & Askan y la Coltness Iron, una fuerte asociación minera y siderúrgica de origen escocés, que abonó 300.000 libras esterlinas por la propiedad minera.

Como se deduce del volumen de mineral extraído por aquel entonces, los trabajos apenas si habían comenzado. Eso mismo se deduce del informe redactado en 1900 por la nueva empresa donde se afirma que es “la agricultura el único modo de vida que tienen las poblaciones enclavadas en el Marquesado que en unos 10 kilómetros se encuentran…” y que “gran número de braceros hoy faltos de recursos tienen que salir a buscar trabajo en otras regio-nes”.

Desde su llegada, Alquife Mines comenzará un programa intenso de investigación y explotación del yacimiento. Los primeros esfuerzos se encaminaron a completar la prospección iniciada por la filial de Portman mediante un amplio sistema de pozos y galerías. La extracción se fue realizando con dos técnicas: por una parte a roza, en canteras que seguían los afloramientos y cuyas paredes podían llegar a alcanzar los 40 m de altura. Este era el único sistema empleado para la extracción en 1907 junto con las galerías que partían de ellas. A partir de estas labores se realizan también galerías regulares, horizontales, con un carácter prospectivo pero desde de las cuales se explotan las vetas de mineral hallado. Tres años más tarde, en 1910, ya funcionaba el pozo San Pablo como explotación subterránea, lo que no supuso el abandono de las cavas sino que incluso se abrieron algunas nuevas. Además de este pozo maestro se abrió otro más hasta el nivel de la capa freática y a partir de ellos se realizaba la extracción mediante dos sistemas: para la explotación en masas el de “cámaras y pilares”, que poco después fue abandonado por el de “franjas horizontales con relleno” y para la explotación de formaciones pseudo-filonianas en “realces”, sin apenas entibación ni relleno.

Es en esta época, sobre todo con el uso de la pólvora y de los medios mecánicos, cuando se produce una mayor transformación del cerro. No obstante, parece que buena parte de estas canteras ya existían con anterioridad. Así se desprende del plano que en 1901 se realiza de las concesiones de la empresa escocesa en la colina y sus inmediaciones. Aquí, un año después de la compra de las minas, además de detallar los tajos en los que se está trabajando y la ya compleja red de galerías abierta, se observan numerosas rozas de gran tamaño. Aún contando con que la empresa Portman hubiera comenzado las labores de extracción a cielo abierto tres años antes, su numero y su tamaño son excesivos para una explotación tan breve y en los comienzos del proceso de meca-nización. Pero, sobre todo, la mayoría de estas cavas reciben un nombre, a veces incluso bastante significativo. Se denominan, por ejemplo, “Cueva de los Ladrones”, “del tío Torcuato”, “de la Cabeza”, “de las Longueras”, “de la Cebada o del Corral”, “del Castillo”, “de Nicolás”, “Bartolo”, “de los Almendros”, “de los Grajos”, “Calera”, etc. El que tengan nombres, y además de estas características, significa que no son nuevas, y que podrían incluso referirse en algún caso, como el de la “Cueva de las cinco bocas”, a las antiguas explotaciones subterráneas. En muchas ocasiones, y como es normal, las labores contemporáneas no hacen sino continuar y aprovechar las precedentes.

Alquife Mines comenzó la extracción en 1900 y hasta mediada la década de los cuarenta su contribución a la producción provincial de mineral de hierro se situó entre el 70 y más del 90%. Continuando las labores de interior emprendidas por su antecesora y alternándolas con nuevas rozas a cielo abierto, la compañía escocesa impulsó la producción nacional hasta las 300.000 toneladas en 1910. Pasarán casi veinte años hasta que vuelva a alcanzarse ese umbral. Los problemas del transporte se agravaron con la I Guerra Mundial, la crisis de los mercados posterior al conflicto bélico y las diferencias con la concesionaria del ferrocarril hicieron que los trabajos de extracción quedaran parados desde 1921 a 1925.

Sobre la zona situada al norte y al este de las propiedades de Alquife Mines, ya en la llanura del Marquesado, el ciudadano escocés William Baird (posteriormente Bairds Mining Co. Ltd) adquirió los derechos mineros pertenecientes a The Soria Mining Company Ltd. (concesiones mineras El Porvenir, La Reserva y Bilbao la Nueva), y a D. José Linares Giménez, D. Gustavo Guiraud Brahie y D. Felix Gilly André (concesiones mineras Las Dos Naciones, Providencia, Nuevo Bilbao y Previsora), comenzando su explotación. A diferencia de las operaciones de Alquife Mines, las de Bairds tuvieron siempre el problema del nivel freático. El enorme peso de la formación aluvional, la naturaleza pulvurenta del mineral y las constantes inundaciones de las labores subterráneas, acabaron malogrando su intento de explotar el rico yacimiento existente bajo el suelo de los llanos. Su producción total se limitó a 800.000 toneladas, aunque empleó un número equivalente de personas al de su competidora. En 1929, Bairds vende las propiedades mineras a la Compañía Andaluza de Minas, S.A. (CAM), con la que se inicia una nueva etapa en la minería del Marquesado.

La explotación británica del hierro alquifeño tuvo una repercusión decisiva en la estructura del Puerto de Almería. Las construcciones portuarias de las empresas extractoras del hierro del Marquesado se iniciaron con la inauguración por Alfonso XIII, en 1904, del embarcadero de Alquife Mines, cuya construcción costó más de 3 millones de ptas. Hasta entonces, la compañía escocesa había tenido que hacer frente a un costoso transporte en carros del mineral desde los depósitos de la estación de ferrocarril hasta el muelle. El nuevo embarcadero metálico, surcado por cinco vías férreas, permitía la descarga directa a los buques de hasta 80 vagones simultáneamente. Bairds se dotaría de instalaciones propias en 1915 que, con las oportunas adaptaciones, estuvieron operativas por la Compañía Andaluza de Minas hasta 1996.

La Compañía Andaluza de Minas, S.A.

En agosto de 1929, Bairds vendió todos sus derechos y propiedades a la recién constituida Compañía Andaluza de Minas (CAM), respaldada por la francesa Mokta el Hadid que tenía operaciones mineras en Argelia. Posteriormente, se unirán los bancos Hispano Americano y Urquijo como socios españoles.

Los responsables de la CAM abordaron la explotación de sus concesiones con el propósito de continuar las labores subterráneas hasta donde fuera posible y comenzar en varias fases un gigantesco desmonte que permitiera pasar a un sistema pleno de extracción a cielo abierto. La primera etapa, iniciada en 1931, supuso la excavación de más de 30 Has. Hasta una profundidad cercana a los 100 metros, extrayendo unos 20 millones de toneladas de estériles. Las dificultades económicas de los años treinta, la Guerra Civil y la postguerra, se dejaron sentir en el avance de los trabajos y en la producción. El medio millón de toneladas alcanzado por la producción provincial de hierro en 1935 no vuelve a registrarse hasta 1955. Por aquel entonces, la explotación de la CAM era ya la primera en volumen de producción de la provincia y la de Alquife Mines había pasado en 1953 a manos de AGRUMINSA, filial de Altos Hornos de Vizcaya.

Con el paso de los años, la CAM potencia su operación a cielo abierto, que había comenzado en 1945, cerrando definitivamente sus labores subterráneas en 1964, pasando su producción, a partir de ese año a ser suministrada exclusivamente por la corta a cielo abierto.

La producción de mineral vendible comienza a incrementarse gracias a las técnicas empleadas de desmonte de la cobertera de aluviones. En 1953, la CAM supera la producción de Agruminsa. En 1967 se sobrepasa el millón de toneladas de mineral de hierro vendido. En 1971 se consigue el hito de los dos millones de toneladas vendidos, alcanzándose los tres millones en 1974.

El impulso definitivo a la minería del Marquesado tuvo que salvar tres importantes obstáculos técnicos: el problema del drenaje del agua, el inmenso movimiento de estériles que generó la reconversión al sistema de minería a cielo abierto y las desventajas de la naturaleza física y química del mineral.

Al iniciarse la explotación minera a gran escala, el nivel freático se situaba en la cota 1.045 metros, a 105 metros de profundidad. Alcanzado muy pronto ese nivel, la inundación de labores se presentó cada vez con más frecuencia. La instalación de desagüe establecida por Bairds se mostró insuficiente para hacer frente a la subida de las aguas: en 1920 alcanzó la cota máxima de 1.052 metros, forzando al abandono de los sectores más profundos y evidenciando la necesidad de un replanteamiento global de las soluciones. El drenaje se realizó por la CAM mediante un sistema de más de 20 pozos que bombeaban agua del acuífero de los aluviones y de otros 4 que lo hacían de las calizas. En total, alrededor de 400 l/s era el caudal evacuado, unas tres cuartas partes provenientes del acuífero calizo. El desagüe se facilitaba a través de un túnel de 2.880 metros de longitud cuya boca se situaba en un flanco de la corta, a 100 metros bajo la cota de superficie, lo que suponía un ahorro importante en el coste de bombeo. El movimiento de los aluviones, una vez drenados, se realizaba con una combinación de empuje por bulldozers hacia la cota de contacto aluvión-calizas, donde se instalaban unos alimentadores blindados (rockbelts), y unas cintas transportadoras que dirigían el material a las escombreras donde eran repartidos por medio de apiladores.

El todo-uno y los mármoles eran arrancados de manera tradicional (perforación y voladura), cargados y transportados por camiones a las machacadoras respectivas instaladas en el fondo de corta. De allí eran llevados por cintas transportadoras a las plantas de procesamiento.

El mineral de Alquife se compone en su mayor parte de hematites con una ley en hierro variable. Sus mayores inconvenientes radicaban en la relativa importancia de las impurezas alcalinas y su acusada friabilidad (facilidad para desmenuzarse). Desde 1906, Alquife Mines intentó remediar esta segunda característica convirtiendo en briquetas de aglomerado parte del mineral de menos calibre en una fábrica instalada junto al cerro, pero el procedimiento se abandonó al cabo de pocos años , sin que durante décadas se practicara otra manipulación que un desigual cribado.

Las exigencias de los mercados llevaron a la CAM a desarrollar, desde los años setenta, el tratamiento mineralúrgico, permitiendo la reducción de impurezas, la preparación granulométrica y la homogeneización del mineral vendible.

Para delimitar el mineral in situ que merecía ser explotado, la CAM eligió una ley de corte (cut off) de 45 % Fe, y un ratio (proporción de mineral in situ a estéril en un banco de 10 metros de altura) mayor de 0,2 (2 metros en 10 metros de altura de banco).

Al comienzo de la explotación, todo el mineral fue considerado de carga directa, después de un cribado a 8 mm y una trituración secundaria en circuito cerrado. Con el paso del tiempo y motivado por los requerimientos de los clientes, se comenzaron a implementar procesos de tratamiento para eliminar contaminantes indeseados.

El tratamiento del mineral era selectivo en función de las cuatro calidades en que se clasificó el mineral. La primera planta en construirse fue la de ciclonado (PCH) para eliminar las micas que son las portadoras de metales alcalinos (K y Na) y que dificultaban el proceso en los altos hornos. El otro contaminante es la caliza y para tratar de eliminarla, en 1973, se construyó la planta de medios densos (PMD) que trabajó sobre tamaños 20-80 mm, después de un proceso de cribado con dos telas. La fracción mayor de 80 mm era rechazada como estéril, la de 20 a 80 mm pasaba, como se ha dicho, a la PDM y la menor de 20 mm se incorporaba a la línea de carga directa.

La totalidad del todo-uno no era tratada en estas plantas. Posiblemente, solo el 10 – 15 % era objeto de tratamiento y además la PMD y la PCH no estaban en línea, separándose los tratamientos desde la cabeza según las calidades. El mineral de carga directa representaba el 85 – 90 %. Luego, en el parque de mineral, se procedía a la homogeneización del mineral directo con el indirecto o tratado, para dar una carga a los trenes de una sola calidad. Este esquema perduró hasta 1984. En ese año se instala una planta de separación magnética de alta intensidad en húmedo (SMAIH), cerrándose definitivamente la PCH, cuyo rendimiento nunca fue el esperado. El ciclonado se trasladó a la cabeza de la SMAIH con el objeto de crear una línea de gruesos (0,1 – 1,0 mm) y otra de finos (0 – 0,1 mm) en la separación magnética. Con anterioridad al ciclonado hidráulico, existía una molienda y cribado a 1 mm. Así, desde 1985, el procesamiento del mineral se dividía en la línea de carga directa y en la indirecta, donde estaban instaladas la PMD y la SMAIH. Sin embargo, estas plantas seguían tratando alrededor de un 12 % del todo-uno, y tampoco estaban montadas en línea. Dependiendo de las calidades que se trataban durante un periodo de tiempo, se utilizaban las plantas en una proporción o en otra, o no se usaban. Naturalmente, el criterio a emplear estaba en función de un control analítico muy importante y 4 acopios en cabeza del proceso correspondientes a las 4 calidades reconocidas.

La homogeneización del producto o mineral vendible era un punto muy sensible. En términos de leyes de hierro se estaba en una gama de 53,5 a 55 %, con los alcalinos entre 0,39 y 0,44 %.

Otro problema fue la humedad. El mineral vendible tenía de un 12,5 a un 14 % de agua. Es decir, ese porcentaje se transportaba como si fuera mineral pero su valor era, lógicamente, cero.

El mineral in situ ya tenía esta misma humedad, a pesar del drenaje preventivo en tiempo que se llevaba a cabo. Luego el proceso, principalmente la separación magnética en húmedo, aportaba a su concentrado hasta un 20 % de humedad.

El transporte de mineral siguió realizándose por ferrocarril hasta el Puerto de Almería. En 1976 se construyó cerca de la estación un almacén cerrado y hermético capaz para 280.000 toneladas, conocido como el “toblerone” por su geometría. De este almacén al pantalán existía una cinta transportadora subterránea. La capacidad de atraque permitía la carga de buques de hasta 100.000 toneladas, aunque prácticamente, la media de tonelaje de los mismos oscilaba entre 35.000 y 42.000 toneladas.

En 1975, Mokta el Hadid, y por tanto la CAM, se integran con la Société Minière et Métallurgique de Peñarroya y Le Nickel en el trust Imetal.

Desde 1975 hasta 1977 la producción se reduce un poco, pero en 1978 comienza una recuperación que lleva, en 1985, a alcanzar el máximo de ventas en la historia de la minería de hierro de la provincia y del país: más de 3,7 millones de toneladas. Un año antes, la CAM había adquirido todos los activos mineros de AGRUMINSA en la comarca aunque, de hecho, desde 1973 ya era la única operadora al haber cesado esta última en sus labores.

El declive de la minería del hierro en el Marquesado comienza en 1986, cerrando la CAM su balance anual con pérdidas de 500 millones de pesetas, no recuperando beneficios hasta el cierre total de la operación minera en 1996.

En 1989, la australiana Golden Shamrock Mines Ltd. adquiere el 61,46 % de la CAM, quedando el 38,54 % en manos del Banco Hispano Americano.

Las dificultades motivadas por la reestructuración del sector metalúrgico en España, hacen que las ventas nacionales decrezcan y se generen problemas para adaptarse a la mayor calidad de producto que exigen las acerías europeas. Según se avanza hacia el final del siglo XX, cuatro factores ponen en riesgo la continuidad de la actividad minera:

  • La bajada en el precio del mineral de hierro, motivada por el arranque de la gran mina brasileña de Carajas.
  • El coste del transporte por ferrocarril desde Alquife hasta Almería, donde Renfe actuaba como transportista en régimen de monopolio.
  • La elevación de las tarifas eléctricas llevada a cabo por la antigua Compañía Sevillana de Electricidad.
  • El cambio desfavorable peseta – dólar.

Además, la reducción de las ventas nacionales (a principios de los ochenta, ENSIDESA consumía casi las dos terceras partes de la producción) se vio tan sólo en parte compensada con las exportaciones a Centroeuropa.

Así la situación, en 1996, después de varios planes de viabilidad encaminados a la salvación de la actividad minera, la CAM se declara en suspensión de pagos, resultando liquidados sus activos tras un complicado procedimiento judicial que fragmentó la unidad de la explotación dificultando a la postre la reapertura de la misma. El cierre de la mina provocaría una aguda crisis económica y laboral en toda la Comarca de Guadix cuyas consecuencias aún se dejan sentir en la que todos los parámetros señalan como la región más deprimida de Andalucía.

En total, desde 1929 hasta finales de 1996, la CAM vendió 86 millones de toneladas de mineral de hierro. Solamente cesó en su actividad en los años de la guerra civil española (1936-1939) y el tercer y cuarto año de la segunda guerra mundial (1941-1942). Por las excelentes características de su mineral, fue utilizado por numerosas siderúrgicas europeas.

Un radical cambio de la coyuntura económica que limitó las posibilidades de la CAM, que incluye el extraordinario incremento del precio del mineral de hierro motivado por la demanda de las economías emergentes asiáticas, el agotamiento de la mayoría de los criaderos férricos europeos o el abaratamiento de los costes del transporte gracias a la competencia entre los operadores ferroviarios, ha vuelto a despertar el interés de los inversores extranjeros en el rico yacimiento de Alquife. Así, en el mes de mayo de 2011, la compañía de nacionalidad holandesa Minas de Alquife Holding B.V. adquirió la totalidad de las participaciones sociales de la empresa Minas de Alquife, S.L. (MdA) cotitular mayoritario de los derechos mineros para el aprovechamiento de las Minas del Marquesado. Previamente, otras sociedades del mismo grupo habían adquirido la totalidad de los terrenos necesarios para una eventual reactivación de la explotación minera, permitiendo así la reconstrucción del patrimonio industrial de la CAM.

Desde este momento, MdA ha iniciado un ambicioso programa para determinar la viabilidad de la reapertura de las Minas del Marquesado que podría llevar, caso de resultar favorables todos los índices analizados, a recuperar en los próximos años una actividad milenaria que ha forjado la historia y el carácter de toda una comarca y de innumerables generaciones de familias que vivieron el extraordinario progreso económico y social que trajo la minería del hierro desde mediados del siglo XX.

Fuente: “Minas del Alquife – Un paseo por la historia